España vota hoy, y lo hace en condiciones inusuales. A diferencia de cualquier proceso electoral normal la agenda comunicacional del cierre de la campaña no está volcada hacia la elección, ni hacia los temas que los dirigentes políticos han ido apuntalando en el fragor electoral. La irreverencia de unos indignados ha hecho que la pregunta fundamental que lleva al elector a la mesa de votación sea otra: “¿les voto? ¿o no les voto?”. El control de la agenda es parte de los esfuerzos básicos de cualquier comando de campaña, tratar de controlar los temas sobre los que los electores piensan es fundamental para optimizar las propias posibilidades de victoria. Porque como decía mi querido mentor Bill Hamilton: “Toda campaña termina siendo un referéndum por un tema en particular. Al llegar el día de la elección el elector lleva en su mente una pregunta fundamental, al la que siente debe dar respuesta con su voto”. Y esa pregunta que llevan hoy a las urnas los electores no tiene que ver con aquellas a las que los voceros de los partidos apuntaron durante la campaña. Lo cierto es que las movilizaciones que se iniciaron masivamente el 15M cumplieron el sueño de cualquier actor político: se hicieron con el control de la agenda en el cierre de campaña. Nada menos.
Hay una crisis profunda que tiene implicaciones en el sistema económico y político, y que muestra como principal síntoma unas elevadísimas tasas de desempleo, particularmente altas entre los más jóvenes. Es claro que existe una crisis estructural y, como toda crisis humana, ella induce a identificar culpables.
Hace ya tiempo que se ve venir que en la asignación de culpas que debía hacer la sociedad española los políticos iban a llevar la peor parte. El hecho que desde hace un par de años los estudios oficiales del Centro de Investigaciones Sociológica (CIS) pongan a “la clase política” como tercer problema principal del país, sólo después del desempleo y el terrorismo, dice mucho. Otro indicador importante del hartazgo de la sociedad hacia su liderazgo político es el renacimiento que han tenido en la agenda política nacional reciente las figuras de Felipe González y José María Aznar. Cuando dos grandes figuras de la política vuelven a ser protagonistas de la sociedad y líderes fundamentales a los que voltea a consultar una clase política desorientada, en lugar de asumir el rol de soportes difusos al sistema desde la serenidad de su jubilación, algo habla muy mal del relevo político.

Es difícil no sentir el encanto de unas masivas movilizaciones predominantemente juveniles en una sociedad cuya tasa de desempleo y subempleo joven duplica la ya preocupante tasa nacional. Es difícil dejar de sentir identificación e incluso maternal afecto por unos jóvenes que claman a gritos FUTURO. Es fácil coincidir en las causas y legitimidad de la protesta. Mucho más dificil es coincidir en las propuestas
Porque las propuestas guardan un tono muy naif y de primitivismo político que veo con preocupación. Dificilmente podía ser de otra manera cuando durante años los jóvenes “han pasado” de la política, despreciándola y sin formarse en ella. Comentarios adversos a las “abominables” listas cerradas, el bipartidismo como tiranía democrática, la eliminación de la cámara alta, la petición de validez del voto en blanco, la honestidad personal como garante de la gestión pública, y muchas otras son en escencia propuestas simplistas de la antipolítica que muestrasn desconocimiento de la Política. Propuestas que muy bien podrían estarle sirviendo la mesa a respuestas sociales de corte populista y/o autoritario. Propuestas que recuerdan demasiado al “que se vayan todos” argentino de 2001 o la Venezuela previa a 1998 como para dejar de preocuparnos por esa posibilidad. La “democracia directa y participativa” puede ser un seductor modelo que pretendería sustituir la democracia representativa por algo ambiguo que oculte aberraciones políticas harto conocidas.
Los cambios que se proponen en la legislación electoral no aportan nada a la crisis de fondo, pero podrían hacerle una fisura al blindaje del sistema político que hoy tiene España. Como siempre, es más facil reclamar por las aguas negras que construir las cloacas Hay reivindicaciones plenamente justificables, pero también hay “reivindicaciones” que le sirven la mesa a encantadores de serpientes.
¿Consecuencias electorales? el mensaje #nolesvotes llega más facilmente al elector del PSOE, es muy posible que sean quienes más sufran en estas elecciones de hoy y en las generales del año que viene. Pese a que el desencanto es por igual ante ambos partidos, el votante del PP suele ser más cohesionado y estas manifestaciones hacen solidificarle más aún. Y sin embargo… el perfil de los chicos de las plazas españoles, sus corazones y sus petitorios reivindicativos es más bien progre. Probablemente sufran otra indignación al ver que las movilizaciones han castigado más al PSOE que al PP.
Por eso las derrotas por venir en el PSOE pueden terminar haciendo de éste un partido más fuerte y vigoroso en el mediano plazo. Está hablando una generación y afirma que no quiere seguir siendo pasiva espectadora. Existe un cambio radical en los paradigmas comunicacionales del SXXI y los partidos y líderes que no se adapten desaparecerán. No existe democracia sin partidos pero los partidos pueden y deben cambiar. Los partidos políticos necesitan abordar un proceso adaptativo que les permita abrirse a la sociedad e incorporar nuevos actores, así como construir mejores escenarios en la gestión y participación política de nuestras sociedades. Perder partidarios, perder autoridad, debilitar jerarquías, y perder conexión con los electores son los síntomas de una crisis importante. Algunos de estos factores son estructurales y no puede solucionarlos la política 2.0. Va más allá de eso, sin dudas. Pero la ciberpolítica ofrece la caja de herramientas con las que es posible llegar a soluciones. No basta con la ciberpolítica, pero sin ella será imposible comunicarse ni movilizar a esa sociedad cambiante que clama por la evolución de sus estructuras de representación política.
El #15M puede tener un impacto mayúsculo en la construcción de una mejor sociedad. Si y sólo si… se atajan los riesgos de la antipolítica, si hace que nazcan nuevos actores públicos y se sensibiliza a los viejos actores en la necesidad de encontrarse cómodos en ese nuevo ecosistema social y político, más horizontal y participativo que viene siendo diseñando con la ayuda de las redes.
La pregunta relevante entonces no es ¿qué pasa? Sino ¿qué pasará en España?
