En Bilbao, aprendiendo de Ciudades Digitales

Llegué el lunes a mi bienquerida Bilbao para participar en el XII Encuentro Iberoamericano de Ciudades Digitales. Ayer, entre derroche de buena vibra, contactos interesantes y tapas bonísimas, transcurrió la primera jornada, de la que resalto dos ponencias extraordinarias: la de Daniel Innerarity titulada Sociedades inteligentes y sociedades estúpidas, así como la del alcalde chileno Claudio Orrego. Y hoy me toca a mí…

Innerarity asegura que el desafío cognitivo del siglo está en cómo articular sociedades inteligentes: La sociedad del SXXI requiere ecosistemas de conocimiento colaborativo y la verdadera riqueza de las naciones hoy reside en el saber. Sin embargo una sociedad inteligente NO es aquella donde hay mucha gente inteligente, sino esa cuya suma de inteligencia es mayor que la inteligencia de los individuos que la componen. Y este principio tiene mucho que ver con un valor básico de la democracia. Hanna Arendt decia que en política tenemos derecho a esperar milagros, y el milagro de la democracia es precisamente cómo en la complejidad organizativa democrática, la sabiduría colectiva se aplica a la inteligencia social. Es decir, cómo la sumatoria de unos individuos que no son particularmente inteligentes, diversos y con intereses contrapuestos, son capaces de generar un resultado final muy inteligente.

Es un mito aquello de que la razón está en manos de unos pocos, de unas élites ilustradas. Nadie garantiza que ¨los mejores¨ tomen las mejores decisiones. La democracia es un sistema de gobierno que comete menos errores que cualquier otro, y es precisamente porque sus capacidades decisorias no residen únicamente en “los mejores” ni los más ilustrados. Un principio importantísimo en política es el reconocimiento a la diversidad: es lo que hace que la democracia funcione y que haga más inteligentes a las sociedades.  Es más valioso un grupo de personas poco inteligentes y diversas que un grupo de gente muy inteligente pero muy parecidos. Para generar inteligencia colectiva hace falta diversidad. La diversidad cultural es factor de innovación. 

Pero las sociedades tambien pueden volverse estúpidas. Ocurre cuando los grupos se nutren sólo de sus propias ideas, por ejemplo. Si te rodeas de un entorno que solo te da la razón, te privas de la diversidad y tu juicio se deteriora. “Hay que leer al enemigo”. Es estúpido buscar permanentemente apoyarse en quienes validan nuestras certezas. Mirarse al ombligo sin enriquecerse de las ideas del otro, del distinto, produce estupidez colectiva. Las nuevas sociedades sustituyen la certeza por la confianza, como lo ha afirmado Anthony Giddens. La sociedad contemporánea tambien puede ser muy estúpida cuando sufre de los errores de los ¨expertos¨, por ejemplo en el caso de la crisis financiera, y termina toda la sociedad pagando por errores de expertos: agencias de calificación, maneras de entender los mercados, etc… Las colas en el tráfico son un ejemplo de un conjunto de indiviuos buscando su propio interés de forma estúpida. El pánico es otra situación común de estupidez colectiva, que impide la toma de las correctas decisiones.  Otra fuente de estupidez está en la tiranía de las pequeñas decisiones: cuando lo urgente priva sobre lo importante el gobierno no funciona. Cuando nos focalizamos en lo instantáneo, sólo en el día a día, no tomamos las decisiones correctas.

“No hay inteligencia colectiva si las sociedades no intentan gobernar razonablemente su futuro”. Más sobre Innerarity en www.globernance.com

Por su parte el alcalde Orrego hizo una reflexión sobre las redes, la ciudadanía y la calidad de vida, y de cómo las TICs ayudan en el intento, basado en su propia experiencia de gestión. Su presentación completa aquí:

Ciudades digitales bilbao 2011 View more presentations from Benjamin Blanco